15 junio 2006

Mundial de fútbol

Parece ser que en un país llamado Alemania se está desarrollando un espectáculo denominado Campeonato Mundial de Fútbol en el que grupos de muchachos vestidos con vistosas camisetas, pantalocitos y medias, y calzados con pintorescos zapatos provistos de muchos taquitos, disputan la posesión de un objeto esférico más pesado que un globo pero más liviano que las bolas de hierro que arrastraban los presos an la Edad Media, conocido bajo el nombre de pelota, con la sexual intención de introducirla en una especie de canasta gigante acostada en el césped bajo la protección permanente de un señor que oficia de clítoris, siempre vestido con una camiseta y unos pantalocitos de distinto color porque él sí que tiene personalidad propia.
Hay otro personaje vestido de una manera diferente y dotado de personalidad, pero no opera en la zona del goce sino que más bien corre detrás de los otros desde cierta distancia, y lo peor es que toca un pito cada vez que los otros deciden pasar de la metáfora a la acción directa y tratan de consumar lo que indica la tradición, revolcarse en el césped después de, siguiendo el mandato de los ancestros, pegarle una patada al otro para derribarlo y, una vez derribado, poseerlo. Pero esto apenas si sucede esporádicamente, porque ese tipo de casaca diferente está muy atento a todo y toca el pito con gran escándalo para que dejen de hacerlo. Es lo que se dice un verdadero perro del hortelano. El personaje cuenta, además, con la ayuda de dos alcachuetes que no corren detrás de la pelota sino en paralelo con ella, siempre detrás de una línea, y levantan una banderita cada vez que los muchachos vestidos con la camiseta de un color quieren entablar alguna especie de acercamiento más íntimo con el hombre clítoris.
En síntesis, que si no fuera por estos tres aguafiestas que indefectiblemente aparecen en todos los encuentros, este mentado Campeonato Mundial sería un verdadero éxito y la gente se acercaría masivamente a verlo, y se sentiría feliz después de cada función, y no como pasa ahora, que la mayoría vuelve a casa llorando por los rincones porque el acto nunca llega a consumarse.

No hay comentarios.: