14 julio 2006

Lenguaje animal

Lo que reproducimos a continuación es una versión de una anécdota escuchada en el programa de radio de Mex Urtizberea.
Una familia tenía un perro y la familia de la casa de al lado tenía un conejo. Un día, el perro entró a la casa de sus dueños con el conejo de la otra familia muerto entre sus dientes.
Los de la familia del perro pensaron y ejecutaron un plan para encubrir el crimen de su perro (si es que se puede hablar de crímenes perrunos): limpiaron al conejo (estaba sucio el pobre desgraciado), lo llevaron casa de los vecinos (cuando éstos no estaban) y pusieron muy cuidadosamente el cuerpo del conejo dentro de su conejera, conejar, cucha, jaula o como se llame la vivienda conejal, con la intención de hacer creer a los dueños que el conejo había muerto por alguna otra causa.
Al día siguiente, los vecinos conejeros fueron a la casa de los vecinos perrunos. Tenían una expresión rara en sus caras, asustada, los ojos se les salían de las órbitas. Se sentaron, se sirvieron un café y les contaron a los vecinos del perro que había sucedido algo increíble: el conejo que tanto querían se había muerto hacía dos días, ellos lo habían enterrado en el jardín, y esa mañana acababan de verlo otra vez muerto dentro de su conejera.
Los vecinos del perro carraspearon un poco y dijeron que coincidían con ellos en que se trataba de un acontecimiento increíble al que no le veían ninguna explicación.

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