06 enero 2007

Fútbol por TV

Acepto la opinión, y de algún modo la comparto de que el fútbol (a pesar de lo que digo más abajo) es una tremenda pelotudez, opio de los pueblos, etcétera. Las personas que piensan así me merecen el mayor de los respetos, y ante ellos me saco el sombrero como buen caballero que no soy pero podría llegar a serlo si viviera doscientos cincuenta años más.
El mismo respeto me merecen aquellos que se reúnen a mirar un partido de fútbol y mientras dura éste apenas hablan, a lo sumo comentan las jugadas y gritan los goles si los hay. Esa gente sabe que cuando uno mira un partido de fútbol todo lo que se ve es importante: un lateral en la mitad de la cancha, la manera en que el sale el arquero (jugando, con un pelotazo, a quién le da la pelota, etcétera), etcétera. La cerveza hay que comprarla antes y al baño hay que ir en el entretiempo que para eso está. Y está expresamente prohibido cruzarse delante del televisor. Las reglas son las reglas.
Lo que no admito de ninguna de las maneras es la costumbre arraigada en un inmenso y cada vez más popular colectivo de personas que, reunidas para mirar un partido de fútbol, se ponen, no obstante, a hablar (y no paran) de cualquier boludez. Cabe aclarar que en ese contexto cualquier tema que no sea el partido en cuestión es una boludez, hablar del sentido de la vida es una boludez porque no estamos aquí reunidos, mis queridos camaradas, para hablar del sentido de la vida ni del sexo de los ángeles sino para mirar un partido de fútbol, un simple partido de fútbol (además, ¿qué pueden aportar a una discusión sobre el sentido de la vida un par de boludos que se junta para mirar un partido de fútbol?).
Ese comportamiento (y acá viene la moraleja, porque esto tiene moraleja mis queridos, ya tuvimos bastante de literatura sin mensaje, sin metáfora, sin nada que empiece con eme) me da que pensar que lo mismo hace esa gente en otras situaciones de la vida: cuando van al teatro, a un recital de poesía, a la ópera, al cine (ahí los veo con el pochoclo, con el ketchup), por no ponerme a pensar en qué harán esos individuos cuando hacen el amor, acaso se ponen a debatir sobre el tiempo, sobre el precio del tomate o sobre los nuevos rumbos que habrá de cobrar la economía europea ahora que se incorporaron un par de países más.

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