07 septiembre 2007

El agua y el desierto (un viejo chiste)



Que para mí es nuevo porque lo escuché por primera vez hace unos días. Lo viejo es nuevo si es nuevo para el receptor (emisor, receptor, mensaje). El chiste, dicho sea de paso, no tiene autor. Eso convierte a todo aquel que lo vuelva a narrar en un coautor. Quizá en un futuro la literatura vuelva a la oralidad y el chiste sea la única forma que ha sobrevivido a todas las eras geológicas de su historia. La cucaracha que vivió con los dinosaurios y con los últimos habitantes de la noche de los tiempos.
Pero vamos a lo nuestro.
Viene un tipo por el desierto, muerto de sed. ¿Cómo es el tipo? Como usted quiera, arquetipo de muerto de sed en el desierto. A duras penas camina el pobre, arrastrando los últimos hilos de ganas haste que ve, a lo lejos, una figura humana. ¿Otro espejismo?
Con las fuerzas de que dispone se acerca. Ve que no es una fantasmagoría, que es un hombre hecho y derecho, parado detrás de un mostrador sobre el cual se exhibe un sorprendente número de corbatas (todo es sorprendente en esa situación: el vendedor, las corbatas, el puesto ahí, en el medio del desierto; parece una alucinación, pero es la realidad). Con la lengua literalmente afuera, el perdido balbuce: "¡Agua! ¡Agua! ¡Quiero agua!"
El vendedor, elegante, sonriente, dice que, muy a su pesar, agua no tiene. "Pero tengo estas lindas corbatas", aduce, retomando la sonrisa, "mire usted, las tiene de los más variados colores, lisas, rayadas, floreadas... Incluso, si usted es un fanático de los dibujos animados, lo veo en sus ojos, tengo, vamos a ver, la del Ratón Mickey, la del Pato Donald..."
"¡No! ¡No quiero corbatas! ¡Quiero agua! ¡AGUA!"
"Lo siento en el alma, pero debo reiterarle que agua no tengo. Si lo desea, a dos kilómetros hacia el Norte hay un restaurante, a lo mejor allí pueden ayudarlo."
El sol del mediodía hace arder la arena del desierto. El beduino avanza ya no de pie, de rodillas primero, arrastrándose después. Finalmente llega al restaurante, en cuya entrada está apostado otro sonriente y elegante caballero. Un poco más alto y más moreno que el otro.
"Agua, agua, agua..." Ya no hay lugar para armar frases, el sediento no puede articular una oración bimembre.
"Mi estimado amigo, lo ayudaría con mucho gusto, pues hay agua en abundancia y muchas otras bebidas en el restaurante. Pero hay un problema insalvable, sin corbata no puede ingresar. Lo siento."

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