02 noviembre 2007

¡Yo no soy una zapatilla!



Hicieron una Antología de seres humanos que viven dentro del cuadrado que forman la Avenida Irigoyen, la Avenida Don Bosco, la Avenida Carlos Casares y la Avenida Pierrestegui (un lunar en la Siberia, un centenar de hectáreas sin flores), ¡y yo no fui incluido!
¡Pero ¿por qué?! -pregunprotesté- ¡Yo no quiero ser un poeta marginal!
Vos no subís porque sos una zapatilla -sentenció la Señora Antóloga.
¡Pero, Señora Antóloga, yo no soy una zapatilla! ¡Míreme a los ojos, tengo dos ojos! ¡Agreguemé a la lista, por favor!
Y ella nada: vos no porque sos una zapatilla, sos una zapatilla, sos una zapatilla verde.
¡Pero Señora, escuchemé, leamé, yo soy un ser pensante, tengo raciocinio, puedo decirle la tabla del nueve de memoria, llevo un blog, entiendo casi todas las canciones de Spinetta!
¡Fuera, zapatilla! -dijo, y se tomó el tren a Neuquén.
Me trepé al furgón pero sus secuaces me agarraron, me ataron los cordones y me devolvieron a la calle.

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