09 septiembre 2008

Sobre emos, floggers, cumbieros, raperos y otros milongueros

Dice la crónica que emos, floggers, raperos y cumbieros se agarraron a piñas en el Shopping Abasto. Para muchos la noticia no fue esa sino la existencia misma de tales grupos.
Los emos, según dicen los que saben, son aquellos gobernados por la emoción: pálidos, melancólicos, románticos.
Los floggers, serían los fanatizados por las maquinitas, compus, celulares, esas cosas, los, en una palabra (el adulto traduce, simplifica), modernos.
Los cumbieros, como indica su nombre, son los seguidores de la mística musical barriobajera. Su decir es directo, rítmico, popular.
Los raperos están dotados de destreza verbal, son los que saben chamuyar con la realidad, también tienen ritmo y son punzantes, críticos, ácidos, esdrújulos.
Y hay más grupos: los punkies, los góticos, los skinheads, los cuarteteros. Y hay mezclas, mixturas.
Una de las características más interesantes de estas tribus urbanas es que no funcionan de manera binaria, como otras anteriores, y por lo tanto su descripción sirve para entender de otra manera los desacoples que ocurren en toda clase de ámbitos.
Por ejemplo, la delantera de la selección argentina de fútbol, integrada por tres cracks como Riquelme, Tévez y Messi, no termina de aceitarse porque el que juega en el Barça es un típico flogger, el del Manchester es un habilísimo cumbiero, y el de Boca es un emo casi puro. Y como el técnico es romántico, conecta mejor con el emo y no termina de ensamblar al cumbiero y al flogger.
Podría, también, aplicarse la catalogación al ámbito intelectual criollo. Muchos escritores pertenecen a tribus antiguas, pero otros interpretan mejor el presente.
Ricardo Piglia, por decir un nombre notable, es un elocuente rapero que sabe samplear los discursos de la actualidad y de la base literaria sobre la que caminamos; Rodrigo Fresán, un ávido y activo flogger, actualizado siempre y con millones de atentas antenitas; y Washington Cucurto, qué duda cabe, un cumbiero de pura sepa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una mirada ironica sobre nuestros días, que conlleva un tinte reflexivo. ojala salieran cosas así en las grandes editoriales del pais.

Abrazote para vos. Raúl

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