21 febrero 2010

Saussureame al oído


Todo bien con Ferdinand, ahora bien, también hay matices en la celebérrima "arbitrariedad del signo lingüístico", y por qué no detenernos en ellos (los matices) aunque más no fuera un rato o una rata en este entretenimiento electrónico.
Por ejemplo, la palabra "pato" tiene una sencillez articulatoria histórica, digna de admiración, y que uno puede familiarizar, si se me permite el término, naturalmente, con el bicho en cuestión, sin ir más lejos, cuando lo ve navegando por algún lago de Palermo. Y si los coreanos llamen al ave de marras de una manera totalmente distinta, sus sonoras razones tendrán, digo yo, aunque no me detendré en esos vericuetos, no por falta de espacio sino por ignorancia supina, y menos que menos con esta llovizna.
Ahora, salgamos del lago, sequémonos y sumerjámonos en el nunca bien ponderado lenguaje científico. A fuer de ceñirse a cierta regulación nominativa, nuestros amigos del método experimental acaban produciendo engendros como la palabra "espermatozoide", la cual, dicho con todo respeto, le hubiese venido mejor a un fósil del triásico que al escurridizo, renacuájico e invisible a los ojos elemento que parece designar, el cual, dicho de paso, participa con agilidad en la perpetuación de nuestra especie sobre la faz de la tierra.
Por lo menos, así lo veo yo.

1 comentario:

djurdja. dijo...

jaja no me lo puedo creer, el mismo día pasé toda la tarde leyendo de saussure.