30 junio 2006

Ortega y las ranas

El hombre es el hombre y su computadora, su casa, su aire familiar y el canto de los batracios que conoce.
Cambiando las circunstancias que lo rodean, el hombre se convierte en otro escuerzo y su cuaderno queda sin actualizar porque los sapos no saben escribir a máquina.
Una vez que se cambia de hábitat, lo único que le queda al sapo es esperar que el nuevo aire, los nuevos renacuajos y la brisa fresca de la mañana se amansen hasta crear en el espíritu un nuevo aire de familia que le permita volver a cantar con las ranas. Sin ese aire no hay escritura por más ganas que tenga.
El proceso puede llevar 15 días o algunos años.

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