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Es imposible hablar de una montaña
Es imposible hablar de una
montaña, porque nos solicita silencio sin dar órdenes.
Envolvencias
Macedonia Ediciones
2015
2015
La búsqueda del centro
No todos son capaces de encontrar la razón de su vida.
Yo, por ejemplo. He estudiado dialectología y tantra yoga, escrito poesías permutantes. Por más que recorrí museos, me asocié a los teósofos y después a los vegetarianos, ocupé la universidad y los latifundios, seguía sin divisar en el horizonte una luz que me indicara hacia dónde estaba yendo.
Por eso, cuando conocí a Sebastián me dije: ahí está.
Pero ahí estaba nada más que Sebastián.
Ficciones desmedidas
Macedonia Ediciones
En las arenas bailan los remolinos
En las arenas bailan los remolinos,
el sol juega en el brillo del pedregal,
y prendido a la magia de los caminos,
el arriero va, el arriero va.
Es bandera de niebla su poncho al viento,
lo saludan las flautas del pajonal,
y animando la tropa par esos cerros,
el arriero va, el arriero va.
Las penas y las vaquitas
se van par la misma senda.
Las penas son de nosotros,
las vaquitas son ajenas.
Un degüello de soles muestra la tarde,
se han dormido las luces del pedregal,
y animando la tropa, dale que dale,
el arriero va, el arriero va.
Amalaya la noche traiga un recuerdo
que haga menos peso mi soledad.
Como sombra en la sombra por esos cerros,
el arriero va, el arriero va.
Atahualpa Yupanqui
Interpretado por Divididos.
Para Canal Encuentro, el canal del Ministerio de Educación de Argentina
Reivindicación de los arquitectos
Acabo de bañarme y
cierro la ducha.
Entre el silencio y el vapor se filtra
una mezcla de sonidos ahogados
—lejanos
con un fondo de mar o de asfalto—
que baja hasta mí
desde las hendijas de la rejilla de ventilación
arriba
sobre mi cabeza.
Finalmente
aquel agujero en el techo del baño
tapado por una malla rectangular
parece que conduce a alguna parte
parece que termina en algún lado.
Finalmente, digo
aquel agujero
cubierto por un pedazo de metal lleno de ranuras
podría ser más que un capricho arquitectónico dado a
cumplir con inspecciones municipales.
Podría ser
ni más ni menos
como la poesía misma:
una conexión imposible con un lado oscuro
distante
inalcanzable
del que sobrevienen
ecos de voces apagadas
bocinazos
ladridos de perros que no conocemos.
cierro la ducha.
Entre el silencio y el vapor se filtra
una mezcla de sonidos ahogados
—lejanos
con un fondo de mar o de asfalto—
que baja hasta mí
desde las hendijas de la rejilla de ventilación
arriba
sobre mi cabeza.
Finalmente
aquel agujero en el techo del baño
tapado por una malla rectangular
parece que conduce a alguna parte
parece que termina en algún lado.
Finalmente, digo
aquel agujero
cubierto por un pedazo de metal lleno de ranuras
podría ser más que un capricho arquitectónico dado a
cumplir con inspecciones municipales.
Podría ser
ni más ni menos
como la poesía misma:
una conexión imposible con un lado oscuro
distante
inalcanzable
del que sobrevienen
ecos de voces apagadas
bocinazos
ladridos de perros que no conocemos.
Walter Iannelli
Paradojas modernas
Ediciones Uñum Hue
Incógnito
Cuando se harta de caminar, el hombre encuentra descanso metiéndose dentro del bolsillo del saco. Allí en el fondo, cómodo y adormilado, sólo debe evitar que sus manos, en busca de las monedas para el diario o el atado de los cigarrillos, den con su paradero.
Roberto Perinelli
Actos que crean hábito
Macedonia Ediciones
El Pollerudo
Llegué de nochecita al Carmen Alto,
en el Tontal, mineral abandonado
desde hace muchísimos años.
Cuentan los mineros que ahí sale El Pollerudo,
un cura vela en mano,
cara blanca como pintada con cal.
Desensillé la mula, prendí fuego,
comí algo, hice cama con la montura
y cuando iba a dormirme oigo un ruido raro.
¡Caramba!, lo veo al Pollerudo.
No es para menos que se me helara el sebo.
Demás está decir quel resto de la noche
estuve con loj ojos grandes así.
Y si se me hubiera otra vez aparecido
me esmayo. Ni sonso
voy a alojarme otra vez
en las propias barbas del Pollerudo.
en el Tontal, mineral abandonado
desde hace muchísimos años.
Cuentan los mineros que ahí sale El Pollerudo,
un cura vela en mano,
cara blanca como pintada con cal.
Desensillé la mula, prendí fuego,
comí algo, hice cama con la montura
y cuando iba a dormirme oigo un ruido raro.
¡Caramba!, lo veo al Pollerudo.
No es para menos que se me helara el sebo.
Demás está decir quel resto de la noche
estuve con loj ojos grandes así.
Y si se me hubiera otra vez aparecido
me esmayo. Ni sonso
voy a alojarme otra vez
en las propias barbas del Pollerudo.
Jorge Leonidas Escudero
Poesía completa
Ediciones en danza
Poesía completa
Ediciones en danza
Contemplaciones del chancho
El grito se propaga entre fantasmal
y aterrador. Lo matan porque no sabe
defenderse. Puede que alguno de sus compañeros lo vea en su última hora. Pero
tal vez ese testigo impasible crea que las patas cortas no ayudan en ninguna
huida. O que la mugre es también una forma de dignidad que perdona cualquier
final.
Si se vieran uno al lado del otro,
quizá, colgando de ganchos en el techo de un restaurante de moda, finamente
enjamonados, pensarían que, con el tiempo, incluso la muerte no es más que otra
forma de estar aburrido.
Alejandro Bentivoglio
Paul está muerto
Macedonia Ediciones
Prueba de alta sensibilidad
Esos ruidos que sueltan los papeles estrujados —tan parecidos a
los huesitos que crujen—, y los patéticos esfuerzos con que luego se mueven
para recuperar la lisura perdida, lo conmovían hasta el llanto.
Eugenio Mandrini
La vida repentina
Macedonia Ediciones
La vida repentina
Macedonia Ediciones
A mi propio poema
En el mejor de los casos
serás, mi querido poema, atentamente leído,
comentado y recordado.
En el peor de los casos
sólo leído.
Hay una tercera posibilidad:
aunque escrito,
un instante después arrojado a la papelera.
Puedes optar por utilizar una cuarta salida:
desaparecer no escrito
ronroneando satisfecho algo para tus adentros.
Wisława Szymborska
Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán
Y hasta aquí
Posdata Editores
Posdata Editores
Poesía vertical
El poema es tiempo joven.
Todo a su alrededor se aplasta:
el otro tiempo, el gesto, los bonetes,
el cartón de la fama,
los convulsivos dioses,
la admiración, el fuego,
tu mirada, la mía.
Hasta las estaciones desparraman el cielo
y al final lo abochornan.
No hay nada que retenga
el peso del invierno,
que tira desde abajo de cualquier estación,
confirmando los cimientos de nada,
la disgregada base,
la utopía gastada donde se asienta el mundo.
Y sin embargo, adentro de la vejez creciente,
filón a contramano,
contrahistoria que borra
la tristeza inflexible de las fechas,
el poema es siempre tiempo joven,
valija tibia de la vida,
estuche que preserva la memoria,
maravillada, intacta,
ya ni posible ni imposible,
de aquello que la vida debió ser.
Roberto Juarroz
No sin sorpresa

"Entrar en un cinamatógrafo de la calle Lavalle y encontrarme (no sin sorpresa) en el Golfo de Bengala o en Wabash Avenue me parece muy preferible a entrar en ese mismo cinematógrafo y encontrarme (no sin sorpresa) en la calle Lavalle."
J.L. Borges: La fuga
citado por Edgardo Cozarinsky en Palacios Plebeyos.
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