30 septiembre 2006

Terror a bordo

Perdón por traer acá un hecho real pero voy en un avión y el tipo de adelante habla y habla y habla y no para de hablar. El problema es el volumen de la voz, el problema es que se las sabe todas, de todo da cátedra, su frase más usada es "es así".
No sólo sabe de tetas, su especialidad, sino de argentinos en Europa, de la gente que va a bailar en grupo, de los que van a presenciar el parto. Todos son unos boludos menos él, que la tiene clarísima y hace todo lo contrario. Argentino, 50 años, cirujano plástico, flaco, pelo gris, bronceado en el solarium, pondría su nombre si lo supiera para prevenirlos y que puedan pedir un asiento en las antípodas.
Ni las turbulencias del vuelo lo acallan, 400 pasajeros silenciosos tratamos de dormir o al menos descansar, menos él que viene adelante de mí y el viaje es largo. La oreja que lo escucha no se solidariza con el pasaje, parece interesada ¿en qué? ¿Por qué no se reservará la empresa el derecho de admisión? Son quince horas contando una escala en la que no nos dejan escapar. El avión va lleno, no hay derecho. ¿No se lo puede eyectar?
Admito mi cobardía, confieso no haber hecho lo que debí: tapar su cabeza con la bolsa de la inútil manta que nos dieron para no dormir, apretar y sostener mientras patalea, mientras sus manos saludan a la vida, hasta que quirogueanamente cesa de respirar.
Futuras generaciones de pasajeros me lo hubiesen agradecido.

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