16 febrero 2008

La conquista de la "e" (lenguaje y machismo)

Ahora que los argentinos (y las argentinas) tenemos Presidenta y no Presidente, el machismo lingüístico ha dado un paso más en su afán conquistador, y la otrora indiferente desinencia "e" está más cerca de ser definitivamente masculina (o masculino o masculine).
Me explico. Lo que todo el mundo tenía claro era que la "a" era una terminación predominantemente (o predominantementa) femenina mientras que el final "o" era masculino como un gaucho, un torero o un tesorero. La "e", en cambio, estaba en una zona neutral, ambigüa o intermedia, se acomodaba indistintamente a los dos artículos: el estudiante, la estudiante, el dibujante, la dibujante.
Eran contados los casos de "e" masculina: el pibe, la piba; la monja, el monje; el infante, la infanta, ocupaciones estas últimas, dicho sea de paso, cada vez más excepcionales.
Había también muchos casos de desinencias en "a" indistintas. Por ejemplo el artista y la artista, el poeta y la poeta (un intento, que fracasó, del machismo lingüístico de conquista de nada menos que la "a" fue la invención de la palabra "poetisa").
Astuto, el machismo, nunca reivindicó para sí la "o": nunca habló del tenisto ni del pianisto para referirse a Guillermo Vilas o Bruno Gelber. Ni hablar de la profesión de sindicalista, tan femenina palabra para designar a individuos de indudable masculinidad como Lorenzo Miguel o Hugo Moyano.
¿Por qué no se pidió llamar a esos recios varones sindicalistos en lugar de sindicalistas? ¿Por qué en lugar de hablar de la reunión entre la Presidenta Fernández y el Sindicalista Moyano no se habla de la reunión entre la Presidenta Fernández y el Sindicalisto Moyano?
Otras profesiones podrían también mutar: el astronauto, el taxisto, el electricisto, el policío. ¿Por qué limitarnos a presidentas y sindicalistos?
Una decisión audaz sería declarar la eliminación de la "e" final. Así tendríamos la presidenta y el presidento. El guardaparco y la guardaparca.
Pero no sucede esto, el machismo lingüístico se queda callado y así avanza, de manera tal que la "e" cada vez le pertenece más. Como los mejores conquistadores de la historia, el machismo logra su objetivo sin jamás mencionarlo.
Sus efectos futuros están a la vista. Alcanzarán a los adjetivos y a las adjetivas. Y más tarde a los adverbios y a las adverbias, a las preposicionas y les preposiciones.
Todavía se puede decir esto: Mi amiga Alicia es una docente inteligente, prudente, y, sobre todo, muy coherente en sus ideales.
Pero pronto, cuando la "e" ya sea totalmente masculine, se va a tener que decir: Mi amiga Alicia es una docenta inteligenta, prudenta, y sobre toda, muy coherenta en sus idealas.

3 comentarios:

Tus amigos de Belgrado dijo...

Muy bueno. Esto me recuerda al fenómeno reciente de doblar el plural en masculino y femenino por no usar el masculino para ambos. Tengo que sufrir la agresión constante de los profesores (masculinos -aquí sí hay ambigüedad-) del Cervantes que responden al teléfono: sala de profesores y profesoras, digame; o te dicen que nosotros y nosotras vamos a ir a tal sitio, todos y todas, etc etc. Y lo curioso es que este lenguaje tan poco económico lo usan solo los hombres, jamás he oído a una compañera decir nosotros y nosotras en lugar de "nosotros" para referirse a personas de ambos géneros. Sí, es verdad que hay casos donde puede haber ambigüedad, pero se puede deshacer añadiendo una palabrita. No sé, dejo abierta la discusión.

Tus amigos de Belgrado dijo...

Por cierto, me llamo Beatriz.

Matias dijo...

Excelente, bastante he leido y ya es hora de que le agradezca los agradables momentos que paso con su blog.
Permitame un abrazo querido Fabián.