15 julio 2006

El agujero sin final

Las otras noches volví tarde a casa y puse la tele, después de una hora de zapping caí en I Sat donde empezaba una película taiwanesa, El agujero. Yo no tenía noticias de ese film ni del director ni de nada, después uno recurre a Google y resulta que el director se llama Tsai Ming-Liang, y que ganó Cannes y esas cosas, pero en esa madrugada fue una maravilla de la vida sorprenderme con esa mezcla estrambótica de lentísimo cine de autor y music hall.
Todo bien hasta que después de una de las pausas, cuando iba una hora y pico de película, en vez de poner la parte final, el tipo que toca los botones en I sat volvió a poner el mismo segmento de antes.
No se trataba de un experimentalismo buñuelesco de la película sino de un error del tipo que labura de apretar unos botones en un canal que emite una señal para millones de damnificados. Yo esperaba que se avivara pero jamás se avivó.
Terminado ese fragmento repetido (ni siquiera llegó a la parte en la que íbamos) apareció Alan Pauls anunciando la película siguiente como si nada hubiese pasado en este mundo.
A esas horas, las 3 de la mañana, yo sentí nostalgia de un cine que no conocí, en el cual uno conoce al tipo que pone la película, le golpea la ventana y le dice: "Che, Pedro, te equivocaste de botón, poné el final, poné".
Pero no estaba ahí sino en el silencio de la noche, como tantos hombres y mujeres en puntos inverosímiles del universo, cofrades involuntarios y sorprendidos, en el medio de un chaparrón taiwanés sin final.

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