Personalidad

Irena Voljkovic tiene cuarenta y siete años, está casada, tiene un hijo, es de libra, fuma cigarrillos rubios y es una de las mejores conductoras de tranvías de Belgrado. Siempre puntual, no se enoja cuando algún compañero del tranvía que la precede se demora en la caseta tomando café, ni cuando un taxista se mete en su carril intempestivamente. Contadas veces, en sus más de veinte años de trabajo, se le desenganchó el cable conductor. "El secreto está en saber regular la velocidad", dice, "aunque debe haber también una dosis de suerte". Maneja concentrada pero siempre pensando en algo que está más allá de las vías, de los tranvías y de las palabras.

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