
Antes que cualquier incursión, inmersión o surmenage en el tema, es bueno ir descartando hipótesis, separando la paja del trigo, la maleza de la soja, el piojo del pelo crespo.
Por lo menos una cosa es segura y cualquiera la puede comprobar esta misma mañana: la felicidad no se vende en ningún supermercado de la provincia de Buenos Aires ni del mundo que la circunda.
Que es poco es poco pero soy cartesiano y pongo un pie donde creo que no hay agua y para llegar al monte Fuji hay que dar el primer paso.
1 comentario:
cogito ergo sum... La felicidad tampoco se compra en el Carrefour de Barcelona capital con sus ofertas de dos x uno, y sus champuses antiencrespamiento acabado profesional
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