
–Por favor, sea breve –dijo el bisnieto de Quiroga.
–Seré breve –concedí y le clavé el cuchillo treinta y nueve veces en el pecho.
–Le pidió que fuera breve –terció un parroquiano–, y usted le ha proporcionado cuarenta puñaladas.
–¡Falta usted a la verdad! –contesté–, han sido treinta y nueve certeras estocadas.
–Qué bello alejandrino –aportó un profesor, y repitió– “¡han sido treinta y nueve certeras estocadas!”
–Efectivamente –asintió el apuñalado, y cesó de respirar.
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