El primer libro que leí de Javier Cercas, El vientre de la ballena, me gustó y me sorprendió, no pensaba que ese gordito (tengo mis prejuicios) escribiera de esa manera tan inteligente y suelta. Confirmó ese gusto el segundo que leí que es el primero suyo, El inquilino. No quería meterme a Soldados de Salamina porque la película no me había gustado y pensaba que el libro me iba a gustar menos todavía, prejuicio que, como era de esperar, se confirmó con la lectura. No obstante me pareció que recuperaba el brillo y la soltura en La velocidad de la luz, a pesar de la visibilidad de los trucos del distanciamiento y la ironía.
No leo diarios españoles así que no estaba al tanto de los artículos que el pibe escribe en El país y otros medios. Inocente saqué de la biblioteca La verdad de Agamenón para ver qué más tenía por decirnos. Y amargo fue mi desengaño cuando vi que las cosas con las que bromeaba el narrador de La velocidad de la luz Javier Cercas las tomaba en serio.
Para colmo el capítulo dedicado a Borges era tristísimo y el que se suponía que hablaría de Bolaño hablaba de Javier Cercas y daba un ejemplo inigualable de pedantería al decir que lamentaba que mucha gente supiera del chileno solamente lo que había leído en su obra (la de Cercas).
Dedicaba además muchos artículos al intercambio de flores con los colegas, estrategia al parecer imprescindible para figurar en el mundillo literario (en Argentina tenemos el matrimonio Fogwill Nielsen, como antes teníamos Saer Piglia, etcétera) pero un coñazo para el pobre cristo que se pone a leer la empanada suponiendo que adentro hay carne y no aire comprimido.
¿Puede el mal gusto que produce un libro amargar lo que produjeron los otros? Se supone que no, pero previene para el próximo: ¿tendrá algo que decir o será mejor quedarnos con lo que hay y en tal caso releer? El éxito, palabra que en La verdad de Agamenón aparece cada cuatro, tienta al exceso de publicación. Entonces uno piensa en los arquetípicos ejemplos de Rimbaud y Rulfo. Apellidos que empiezan con erre, dicho sea de paso.
PD: la autorreferencia se supone un atributo de la postmodernidad, acaso porque es un recurso viejo, y J.C. se declara casi militante del movimiento. Pero creo que el artículo primero de ese movimiento dispone que ninguno de sus soldados debe declararse como tal (como la derecha en Argentina y tantas cosas en este mundo).
Sueño
A un mes de ausencia de la bitácora tuve un sueño inquietante, un lector imaginario que estaba preocupado, que pensaba que me había pasado algo. Entonces dije: saquémosle esa preocupación a esa persona inocente. Haciendo un enorme esfuerzo fui a la gomería, cambié la rueda pinchada y me puse en movimiento.
Top three
Según los charts de la sensibilidad cósmica, esta semana figuran al tope del ranking las siguientes canciones:
1. El dolorcito (Liberomotor)
2. Como Chaplin (Osvaldo Ciccioli)
3. Hipercandombe (La máquina de hacer pájaros)
1. El dolorcito (Liberomotor)
2. Como Chaplin (Osvaldo Ciccioli)
3. Hipercandombe (La máquina de hacer pájaros)
Hernán x 3
I
Las cansadas calles
de estar solas
tanta noche
Se resbalan
al sueño
Las cansadas calles
de estar solas
tanta noche
Se resbalan
al sueño
II
Aquí donde antes
bebí tu amor,
hoy la soledad te nombra,
y sus ahora dulces labios,
besan este instante...
III
El lenguaje venido
a salvar el silencio
despierta en mi
el demonio encarnecido
de la nada.
Todo es un ir
por un donde
aquello ido de mí.
¿Qué amor no nos devora
los ojos, la boca, las manos?
¿Qué perdida sombra no viene
a habitar nuestros nombres,
en el instante fenecido
en el sueño que es?
(logre ser)
Hernán Rodríguez (1998)
Sobre la esclavitud y la amitud
En la sociedad feudal el amo desprecia al esclavo y el esclavo odia al amo y sueña o planea apuñalarlo por la madrugada.
En la sociedad capitalista el amo le vende al esclavo la ilusión de convertirse en amo; el esclavo compra y sueña con ser un amo y tener sus esclavos.
Con el tiempo algunos esclavos llegan a convertirse en amos de sus esclavos sin dejar de ser esclavos de sus amos.
En la sociedad capitalista el amo le vende al esclavo la ilusión de convertirse en amo; el esclavo compra y sueña con ser un amo y tener sus esclavos.
Con el tiempo algunos esclavos llegan a convertirse en amos de sus esclavos sin dejar de ser esclavos de sus amos.
Duda que sobrevuela
Cuando uno mata por la mañana los mosquitos que por la noche bebieron nuestra sangre, ¿es un homicidio o una especie de suicidio?
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