Nuevo Word Anti Escritura Basura

La empresa Microsoft estaría a punto de presentar una nueva versión del procesador de textos Word, el "WAEB" o "Word Anti Escritura Basura", que cuenta con la novedosa capacidad de eliminar los textos malos a medida que se los escribe.
"El corrector ortográfico y sintáctico es insuficiente", señaló Bill Gates, anteayer, en la conferencia de prensa habitual de los miércoles.
"El WAEB es en realidad una herramienta del lector", señaló el magnate, que se pronunció como su defensor y abanderado. Sin embargo, según trascendidos, la orden de desarrollar la nueva versión fue decidida luego de tener que afrontar decenas de juicios de lectores hartos de leer basura pseudoliteraria.
"Es un desafío para los escritores", concluyó como para darle un broche optimista a la charla. Ante la consulta de una periodista respondió que el criterio de lo que es buena y lo que es mala literatura "se cae de maduro".
Este blog no sabe si adoptar el nuevo procesador, a riesgo de quedar vacío o mudo, o seguir así, aportando textitos incorregibles al gran tacho de la cultura universal indiscriminada.

Ave de paso

He aquí un textito nuevo, ave de paso porque es un blog, ¿viste? El género parece pasajero pero si lo miramos bien, sus condiciones técnicas lo hacen más duradero que el papiro.
Claro, las condiciones técnicas hacen también fácil su publicación, una palabra, un click y lo pueden leer en Papúa, donde vuela este pájaro que está acá arriba, que yo jamás vi salvo en esta foto, y Ud, no sé, si está en Papúa a lo mejor.
Aunque yo, le digo la verdad, no sé muy bien qué pájaros vuelan por acá.
Hablando de Roma, la expresión "ave de paso" es curiosa, porque, que yo sepa, el paso es privativo del que tiene piernas o patas, y las aves carecen de ello (salvo el chancho, claro).
Aunque (otro aunque, repetición), pensandoló (con acento en la o, porteña, rioplatense), en esta gramática de mañana de miércoles, el verbo pasar es aplicable al tren, que patas no tiene, al colectivo, que pasa de largo.
Por no hablar de expresiones como pasar la noche, pasar el tiempo.
En fin, ave de paso es una expresión metafórica mucho más económica que, digamos, ave que permanece en un lugar por un período limitado. Esta expresión, además de engorrosa, no deja de ser ambigua.
En cambio ave de paso, pese a la contradicción, funciona mejor.

El fin del semáforo

En 1989, el filósofo Francis Fukuyama causó un gran revuelo con la publicación, en la ignota revista The National Interest, de un artículo titulado «El fin de la historia». Con el triunfo del capitalismo sobre el comunismo, decía Francis, se acababan los procesos revolucionarios y con ellos nada menos que la historia. La polémica desatada fue enorme. Otros pensadores, escritores, peluqueros y la misma historia se encargaron de desmentir la tesis, a punto tal que el mismo autor acabó rectificándose.
En 1997, Gabriel García Márquez anunció el fin de la ortografía. Lo hizo en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española en la ciudad de Zapatecas, México, con la ponencia «Botella al mar para el dios de las palabras» . Voces más conservadoras, acaso temerosas de abrir el juego del lenguaje a una porción más considerable de la población mundial, salieron a criticarlo y se impusieron. La palabra huevo mantiene la hache inicial por correcta y etimológica, aunque sea muda.
A lo largo de la historia de la humanidad hubo muchos finales pomposa o tímidamente anunciados. El fin del arte, el fin del teatro, el fin de la novela, el fin de la política, el fin de los “wings”, el fin de todo o casi todo lo que existe en nuestra finita cultura. A veces, estos finales anunciados se tradujeron a la realidad, a veces no, casi siempre resultaron cambios de estado, de aspecto, de situación. Garrincha hoy jugaría de media punta.
Sin tanto anuncio ni pandereta, los vecinos del conurbano bonaerense decretaron, en el nuevo siglo, el final de un artefacto vetusto que se había vuelto parte del paisaje urbano de cualquier ciudad del mundo: el semáforo.
Fue un cambio paulatino, colectivo y gradual, y sin dudas más pedestre y municipal que el fin del arte, de la historia, de la ortografía o de los centros al área del loco Houseman.
Los bonaerenses del conurbano decidieron (decidimos) convertir en adornos urbanos esos coloridos postes patentados en Cleveland que uniformaban el paisaje de las esquinas.
Los orígenes de esta reforma difieren según las fuentes, pero el más extendido es el mito de la defensa propia.
Cuenta la leyenda que allá por los años de la Gran Crisis de 2001, la también llamada maldición de los siete presidentes, hubo casos de asaltos perpetrados contra obedientes conductores que esperaban la luz verde junto a estos artefactos eléctricos de las esquinas. Para prevenir esa clase de hechos delictivos, los bonaerenses abandonaron la obediencia a la luz roja, pues antes que las leyes del tránsito estaba la necesidad de proteger la integridad física y patrimonial de las personas.
Esta prescindencia fue en un comienzo parcial y acotada a las esquinas y horarios en los que se suponía que podían ocurrir atracos. Pero como el Universo está en expansión y todo se multiplica, la costumbre fue poco a poco, y paso a paso, derramándose hacia barrios y momentos cada vez más amplios y generosos.
Fue así como, con el correr de los meses y los años, los semáforos pasaron a ser carteles luminosos como los que anuncian las bondades de productos de las más variadas características.
Hay quienes hacen una lectura más política y señalan que así como algunos personajes públicos perdieron credibilidad, los semáforos también dejaron de significar lo que significaban en otras coyunturas (preguntados por la continuidad de la situación asemáfora, sostienen que la crisis persiste, que la naturaleza del argentino radica en no conocer situación distinta de la de crisis, y los cambios de conducta se quedan, como una especie de lastre eterno).
Sea como fuere, hoy por hoy, los orígenes de la nueva normativa están prácticamente olvidados, y el conductor común y silvestre, ya lejos del peligro de un atraco, a plena luz del día e incluso rodeado por fuerzas del orden, prescinde olímpicamente de aquella invitación a pisar el freno que suponía en otras circunstancias socioculturales el enrojecimiento de las luces de la esquina.
No es una situación de anarquía. Toda ley es suplantada por una nueva. Lo que ocurre es que la normativa vigente en la vida cotidiana de los bonaerenses no está redactada.
El conductor bonaerense sigue la tradición del rojo, ámbar o amarillo y verde en la circunstancia excepcional del cruce de dos arterias con altísimo y parecido volumen de tránsito. Por ejemplo, en el centro de Morón, en los horarios pico, las luces de los semáforos de la intersección de 9 de Julio con la Avenida Rivadavia son obedecidas a rajatabla, como si estuviésemos en Tokio, acaso por la presencia de la pizzería homónima en una de las esquinas.
La ley de la prioridad de la arteria más concurrida se extiende a todo el conurbano. Por citar un ejemplo, mencionemos la intersección de la Avenida Burgos y la tímida calle Grito de Alcorta. Allí, el semáforo es un arbolito de navidad que siempre indica lo mismo: al de la Avenida: siga, siga; al de la calle: pare, pare. El conductor que viene por Grito de Alcorta debe detenerse, mirar si viene alguien y decidir en consecuencia.
El nuevo código semaforil obliga a la reforma de otros reglamentos, como por ejemplo, el del uso de la bocina en la ciudad.
Hasta ahora, el uso de la bocina estaba restringido al caso de llevar un enfermo grave o herido, el caso de un amigo que pasa y hace tiempo no vemos, el casamiento de alguno, o el paso de una persona físicamente agraciada que merece el reconocimiento público. Con el nuevo orden, se hace lícito usar la bocina, además, en el caso de que un conductor nuevo, distraído o extranjero persista en detenerse inútilmente ante una luz roja semafórica. El conductor ubicado inmediatamente detrás del mismo tiene el derecho (sino el deber) de tocarle bocina insistentemente para que deponga su actitud, avance de una vez y no permanezca estático por semejante nimiedad.
Esta página quiere, humildemente, contribuir a la tarea de reglamentar el uso de estos simpáticos postes luminosos según las nuevas costumbres bonaerenses.

La vida después de la Eternidad

Siento defraudar el lector por no poder cumplir la promesa del título, ya se lo voy diciendo: desilusiónese ahorita nomás, no avance con antorchas encendidas.
Y si avanza igual, ya sabe: de lo del título, nada. ¡Ya me gustaría a mí tener el contenido de semejante asunto, qué literatura ni qué ocho cuartos, menuda revelación sería, la vida después de la Eternidad, Dios me libre y salvaguarde! Me retiraba de las canchas, colgaba la raqueta y empezaba a criar panza.
Piense que si así de defraudado se siente usted, qué tristeza no me alcanzará a mí, autor y prometedor, que me fue dado el título, por decirlo de alguna manera, y me quedé esperando la papa, boquiabierto, patitieso, "venga eso, pibas", les dije a las musas, "no me dejen así en ascuas", y nada.
"¡Arreglatelás!", me gritó la última yéndose burlona, sobradora, canchera y argentina. Eran una legión las musas, como un equipo de hockey, leonas flacas, de anteojos, poetas pálidas.
Qué le vamos a hacer, amable lector, en esta orfandad estamos. Si quiere nos suicidamos juntos, pero hoy no, hoy el día está tan lindo..., y tampoco hay que exagerar, ¿no es cierto?, matarse por una defraudación...
Al fin y al cabo, todos los días uno se defrauda por algo, y no llora tanto, no se tira por los acantilados de Pittsburgh, aunque no haya acantilados en Pittsburgh, porque es llana como La Plata, 25 de Mayo o Lincoln.
Es raro, uno pone el nombre de una ciudad que desconoce y es como si hubiese estado ahí, un viajecito mental y pasajero.

Dudas sobre el Indec cósmico

¿Y si no fueron 10 las plagas de Egipto, los mandamientos? ¿Y si no fueran 7 los pecados capitales, las maravillas del mundo, los días de la semana?
¿Y si no fueron 3 las carabelas, los mosqueteros, los chanchitos, las Marías?
¿Y si no son 4 los puntos cardinales, las estaciones del año, los Beatles, los jinetes del Apocalipsis? ¿Y si no fueran 12 los meses del año, los apóstoles, los pasos del penal, los monos? ¿Y si no fueran 24 los períodos climáticos del año solar, las horas del día?
¿Y si no son 11 los pies de un endecasílabo, las rutas perdidas del Valle de Jerte, los jugadores del Fluminense? ¿Y si no son 64 las casillas del ajedrez, las artes tántricas? ¿Y si no son cinco los sentidos, los dedos de la mano, Los Latinos, Los del ritmo?
¿Y si no fueran 2 las partes del día, las caras de la moneda, las Coreas, las Meninas de Velázquez, las orillas del río? ¿Y si no fuera 1 lo 1, la Unidad Básica, el motor inmóvil, el bolo primigenio, la salida de este enjambre de Números?

¿Esto es arte o lo tiro? Pandemia cultural

¿Esto es arte o lo tiro? Pandemia cultural Programa de radio emitido por FM Fribuay entre los meses de septiembre y diciembre de 2020. Parti...